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Como Educo a mi Hijo de Secundaria

En la secundaria
- La transición hacia una nueva escuela o nivel va acompañada de expectativas, temores y dudas.
- Nuevos profesores y compañeros, otros espacios físicos; muchas demandas distintas: de la escuela, de los amigos, de la casa
- Nuestros hijos, durante la adolescencia, cambian tanto físicamente como en la forma de sentir y de pensar
- Por el motivo anterior, es habitual que estén preocupados, atemorizados o desorientados
- Dialogar, conversar sobre estos temores y compartir los sueños y deseos, los ayuda mucho
Para pensar:
- ¿Cómo nos trataban los adultos cuando éramos adolescentes?
- ¿Qué quisiéramos para nuestros hijos e hijas?
- ¿Cómo podemos encontrar momentos para charlar, escucharlos, compartir nuestros valores y elecciones de vida?
- Estudio, deportes, aire libre, arte, descanso, amigos, familia…
- Los estudiantes necesitan una variedad de actividades y vínculos, esto beneficia su salud mental y física
- Conversar sobre estos temas puede ser una gran ayuda para ellos
Para pensar:
- ¿Con quién contamos para pensar juntos?
- ¿Cuáles son nuestros temores y dudas frente al desafío de acompañar a nuestros hijos e hijas?
- ¿Recurrimos a los docentes y directivos?
- ¿Nos comunicamos con otros padres que esté en la misma situación, para no sentirnos tan solos?
- Tengamos en cuenta que en esta etapa los estudiantes están probando, buscando quiénes quieren ser, a quién parecerse, que les gusta hacer…
- Los adultos ayudan cuando les hacen saber que son aceptados y queridos por lo que son, no por lo que parezcan, tengan o hagan
- Las familias son sostén y fuente de cuidados aun cuando nuestros hijos e hijas son más autónomos y toman más responsabilidades…
- Las familias son responsables legalmente por ellos hasta que cumplan 21 años
- Tener confianza
- En la vida de cada estudiante es fundamental la confianza en las posibilidades de aprender, tanto de él mismo como de los adultos que lo rodean
- Es necesario conocer distintas metodologías de estudio, para elegir la mejor para cada momento, materia y personalidad
Para pensar:
- ¿Será verdad que los problemas entre compañeros se resuelven entre compañeros?
- ¿Es positivo que los adolescentes empiecen a resolver sus conflictos de modo más autónomo?
- ¿Qué acompañamiento necesitan para tomar decisiones o para encontrar distintos modos de resolver conflictos?
- ¿De qué manera puede intervenir un adulto en aquellos conflictos que angustian mucho o que involucran algún tipo de violencia?
- Preparar un espacio donde estudiar y hacer las tareas escolares
- Cualquier rincón de la casa puede convertirse en un espacio para estudiar, si se tienen los útiles a mano, los libros o textos necesarios, y la posibilidad de estar tranquilos por un rato
- Aprender a organizarse
- Hacer la propia agenda, teniendo claras las tareas y el tiempo destinado a estudiar para las distintas materias y evaluaciones
Para pensar:
- ¿Será verdad que al que le va mal un año le va mal en el resto de la escolaridad?
- ¿Son parecidas todas las historias?
- ¿Hay posibilidades de cambiar durante la pubertad y la adolescencia?
- ¿Se puede aprender a ser un buen estudiante aunque antes no lo haya sido?
- No dejar cosas para último momento
-Planificar las tareas y el estudio es parte de la responsabilidad del estudiante
- Las familias colaboran cuando preguntan si hay algo importante o si necesitan alguna ayuda
- En esta etapa, los estudiantes comienzan a hacerse responsables por tomar apuntes
- Las carpetas son materiales de mucho valor: contienen la historia de lo elaborado en clase y son una fuente para el repaso y el estudio

8 Maneras para Educar a los Hijos a Cooperar


8 Maneras para Educar a los Hijos a Cooperar
1- Involucrar al niño en las acciones.
Una frase muy adecuada, sobre todo durante los primeros años es “Ahora, nosotros haremos….” le enseña y ayuda a hacerlo. Le das distintas alternativas, no muchas, 2 o 3, según la edad y le comentas cuáles son.
Crear rutinas y pautas con él

Los pequeños aprenden muy bien con la rutina que les ayudará a ser autónomos. Puedes crear rutinas para casi cada aspecto de su actividad diaria: para levantarse,  para ir a dormir, para vestirse, etc… Les gusta saber lo que debe hacer y hacerlo siempre igual. Se puede crear un cartel con dibujos o fotos de las cosas a realizar que te ayudará a guiarle y preguntarle: “y ahora ¿qué toca hacer?”

Ante una lista de alternativas, el niño se siente importante. Tiene el poder de elegir y, además, se le da la oportunidad de trabajar su habilidad de pensar al tener que reflexionar sobre qué debe elegir. En edades tempranas, las alternativas que dan la posibilidad de ayudar son las más elegidas y deseadas por el niño. Por ejemplo:  “¿Quieres cargar en el coche tus juguetes o tu manta? Tú decides”. Añadir “tú decides” le hace sentir importante. Si propone otra alternativa, se le dice “Esta no era una de las posibilidades. Puedes elegir entre “esto” o “esto””.
Proporcionar oportunidades para que preste su ayuda.
Es una manera ideal de evitar la aparición de situaciones que lleven a disputas y fomentar, por el contrario, momentos de acercamiento. Si suele resistirse a subir al coche, puedes decirle “¿Puedes llevarme las llaves del coche y abrir las puertas?” Seguro que accede deprisa y contento.

2- Enseñar respeto siendo respetuoso

La única manera cómo el niño aprende respeto y obediencia es viéndolo en la práctica, es decir, imitándolo de las personas que le rodean.
Si lo avergüenzas o humillas con frases como “pareces sordo porque no haces lo que te digo” o “eres un tozudo porque haces lo que quieres y no lo que te pido”, lo estás tratando sin respeto y sólo consigues que el niño aprenda a tratar a otros de la misma manera irrespetuosa. Si estás en el parque, no puedes pretender que, de pronto, deje de jugar cuando le dices “venga, nos vamos”.  Él está a gusto jugando y no lo entiende. Una manera correcta de actuar es avisarle y decirle “En 5 minutos nos vamos”. Si puedes llevar un reloj con alarma, le pides que te ayude a programar los minutos, se lo pones en el bolsillo y cuando suene, deberá estar preparado para marcharse. Seguro que de este modo, o con pautas parecidas, se pueden evitar muchas discusiones.


3- Utilizar el sentido del humor. Inventar retos divertidos.

Nadie s dicho nunca que ejercer de padre deba ser aburrido o desagradable. Las risas suelen ser una manera frecuente de manejar una situación.
Debes ser imaginativo y pensar en formas divertidas para realizar tareas poco atractivas: “Me pregunto si puedes ponerte el pijama más deprisa que mamá”. Es increíble como los pequeños pueden resistirse a una orden directa , pero actúan inmediatamente si les dices, por ejemplo, “creo que no podrás recoger los juguetes antes de que haya acabado de contar hasta 10, ¿podrás?”.

4- Comprender su mundo. Entrar en su mundo.


Es fundamental que como padre entiendas las necesidades y limitaciones de tu hijo en sus distintas etapas de desarrollo. Comprender su mundo significa ver las situaciones desde su perspectiva, poniéndote en su lugar, y reconociendo sus habilidades y dificultades.
Tenemos que preguntarnos más a menudo “¿Cómo actuaría yo si tuviese su edad?”

La empatía no significa que estés de acuerdo con su actitud, sino que la entiendes. Si estás en el parque y ha llegado la hora de irse. El niño se niega después del previo aviso, te acercas y lo abrazas mientras le dices “entiendo que te disguste dejar el parque ahora y que quieras seguir jugando, pero es hora de marcharnos”. Mantén el abrazo unos segundos para que asuma sus sentimientos. En esta situación le has mostrado empatía, le has dicho que le entiendes, pero le has mostrado tu desacuerdo con lo que él deseaba de una manera cariñosa. Si hubieses cedido a quedarte un rato más, no le habrías dado la oportunidad de aprender a través de su propia experiencia que es capaz de sobrevivir a momentos de frustración.

5- Hablar cuando se está seguro de lo que se desea decir. Cumplir con lo que se dice de manera firme y con cariño.

El niño normalmente nota cuando dices las cosas con convencimiento y cuando no. Por tanto, es mejor hablar poco o decir sólo lo estrictamente necesario! Así, utilizas las palabras para enseñarle lo que puede hacer y no perderás energía ni tiempo y evitarás castigar por lo que no ha hecho. Pronunciar demasiadas palabras suele llevar a discusiones o “guerras” de deseos. Las pocas palabras que digas tienen que ser pronunciadas sin enfado pero de modo firme y amable.
6- Tener paciencia.

Es totalmente necesario mentalizarse que la tarea de educar a tu hijo es constante y se prolonga bastante en el tiempo hasta que sea capacidad de entendimiento. Puedes animar al niño pequeña a compartir, pero no esperes que entienda por qué debe hacerlo cuando no le apetece. Si no quiere hacerlo, hemos de entender que es una actitud normal es estos primeros años y que no se trata de un comportamiento para desafiarte. Le puedes ofrecer otros juguetes para los otros niños y retirarle con cariño el objeto de la discordia durante un rato.

7- Ofrecer mucha supervisión, distracción y redirección.

Rudolf Dreikurs dijo “cierra la boca y actúa”. Es mejor minimizar las palabras y maximizar las acciones.

Es mucho más efectivo tomar al niño de la mano y llevarlo a dónde debe ir o enseñarle a hacer lo que debe hacer en lugar de decirle “no vayas allí” o “no hagas esto”. Por ejemplo, decirle “no golpees al perro” deberías sustituirlo por “ven, mira, debes acariciarlo así” y hacerlo con él. Si te das cuenta que el niño no entiende el “No” de la manera que consideras que debe hacerlo, es mejor poner en práctica alternativas que le indiquen cómo debe hacerlo.

8- Aceptar que tu hijo es único.
Tienes que tener presente que cada niño se desarrolla a un ritmo distinto y que muestra distintas habilidades. Si esperas o pides a tu hijo que haga algo que, realmente, no puede hacer, entonces aparece la frustración tanto en ti, como madre, como en él por no cumplir con tus expectativas. Se debe evitar esta situación siendo bien conscientes de sus capacidades y habilidades. Si tu hijo de corta edad no es capaz de estarse quieto en un restaurante y el hijo de tus amigos sí, no debes frustrarte, tienes que entenderlo y decidir si sólo irás a comer a restaurantes cuando puedas dejarlo con los abuelos o bien, esperarás a que tu hijo madure para ir a los restaurantes también con él.
Estas han de fomentar la cooperación de nuestro hijo deben servir de guión básico para que la tarea diaria de educar a los hijos deje de ser un constante de situaciones de disputas y frustraciones. Son pautas que deben aplicarse el día a día con perseverancia, eligiendo la que mejor pueda funcionar en cada ocasión dependiendo de tu estado de ánimo y del de tu hijo